Santiago García Lucio

Del derecho de las colonias a emanciparse

El fundamento de todo gobierno libre estriba en que ningún pueblo esté sometido, por derecho, a otro pueblo; en que no debe tener otras leyes que las que se ha dado a sí mismo; en que es soberano, y soberano independiente de todo poder humano. Mientras que el simple sentido común, admitiendo estos principios, añade que es absurdo e insensato que un pueblo se gobierne por leyes emanadas de un legislador que reside a dos mil leguas de distancia. La única estupidez cometida por los habitantes de nuestras colonias es la de haber enviado representantes a la Asamblea nacional de Francia. Pero, de hecho, esa estupidez es sólo de los colonos blancos. Todos tienen derecho a librarse del yugo de la metrópoli, buscarse otro soberano o erigirse en República: ¿Por qué no? Puesto que la supremacía que la metrópoli dice tener sobre ellos es usurpada, se sustenta sobre las máximas del despotismo y no se ejerce más que en virtud del derecho del más fuerte. Iré más lejos y supondré que los habitantes de las colonias se hayan declarado libres ¿cómo nos atreveríamos a encontrar malo que hubieran imitado el ejemplo de las colonias inglesas y por qué extraña inconsecuencia condenaríamos lo que con tanto ardor aprobamos en los insurrectos? De que nuestras colonias tengan pleno derecho a librarse de la metrópoli, no puede sacarse la conclusión de que desee entregar los beneficios de la causa a los colonos blancos: sí, sin duda es inexcusable, a mí modo de ver, que hayan pretendido convertirse en los despóticos dueños de los mulatos y en los tiránicos dueños de los negros. Si las leyes de la naturaleza son anteriores a las de la sociedad y si los derechos del hombre son imprescriptibles, los derechos que tienen los colonos blancos frente a la nación francesa, los tienen negros y mulatos frente a los colonos blancos. Para sacudir el vergonzoso y cruel yugo bajo el que gimen, están autorizados a emplear todos los medios posibles, incluso la muerte, aunque estuvieran obligados a masacrar hasta el último de sus opresores.

Estos son los principios según los que se habría pronunciado un legislador equitativo, con respecto al asunto de Santo Domingo: basta decir que el decreto sobre los hombres de color es equitativo, y que el de los negros es atroz. ¿Pero cómo íbamos a considerar hombres libres a quienes tienen la piel negra, si ni siquiera hemos tratado como ciudadanos a los hombres que no pagan al Estado la contribución directa de un escudo? Nos vanagloriamos de nuestra filosofía y nuestra libertad; pero no somos hoy menos esclavos de nuestros prejuicios y nuestros mandatarios de lo que éramos hace diez siglos. Preguntádselo a los padres y a los esclarecidos amigos de las víctimas degolladas en el Campo de Marte. (VV.AA., 1973, págs. 248-250)

Marat

Trabajos citados

  • “El espíritu de Marat” de Santiago García Lucio –

https://www.kobo.com/es/es/ebook/el-espiritu-de-marat-1

  • «Jean-Paul Marat. Textos escogidos» de VV.AA. –

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